Decía Rafael Nadal que el triunfo del martes contra Dominic Thiem era tan solo “un partido”, que convenía tener los pies sobre el suelo y que no se ilusiona excesivamente con el presente, sino que su objetivo apunta a lo que pueda hacer o cómo pueda estar a medio plazo, cuando llegue la dulce franja de la primavera. No le faltaba razón. Ocurre que a la primera intervención en su regreso —después de un año en el dique seco, con una operación de por medio— le sucede este jueves otra igual de esperanzadora frente a Jason Kubler, quien alza la cabeza, divisa al español enfrente y se pregunta cómo demonios puede alguien volver de semejante forma, con esa velocidad de piernas y ese feeling con la raqueta, con tantísima energía y sin haber perdido las referencias de la pista. “No se me ha olvidado cómo jugar”, precisaba el mallorquín. Y queda claro de nuevo, contundente el mensaje: abordaje directo, sin duda alguna. Él, a lo suyo. Y sus seguidores sueñan. Con solo dos partidos, resuelto este último por 6-1 y 6-2, en 1h 23m, Nadal asusta. Avisado está Jordan Thompson, escollo este viernes (no antes de las 11.00, Movistar+) en los cuartos de final de Brisbane.

“Creo que he empezado jugando muy bien, con muy buena determinación. Vi vídeos de Jason antes del partido y me fijé en que era muy sólido desde línea de fondo. Así que entré a la pista siendo agresivo desde el fondo y profundo”, señala a la conclusión, con el habla ligeramente condicionado por el esfuerzo efectuado. “Ha sido un partido muy positivo. Poder jugar mañana significa mucho para mí. Dos victorias después de un tiempo largo fuera del circuito es algo que me hace sentir bien y feliz”, prorroga el de Manacor, que en los dos precedentes con Thompson prevaleció —Bercy 2020 y Roland Garros 2022— y que en un abrir y cerrar de ojos ha dado un sustancioso salto en el ranking, del puesto 672º al 450º.

Si ante Thiem encontró exactamente lo que necesitaba, el balear da frente a Kubler con otro pozo de petróleo. El australiano, otro esos jugadores que ha logrado sobreponerse al infierno de las lesiones, seis operaciones de rodilla hasta hoy, brinda ritmo, peloteo y variantes en el juego; se transforma, a fin de cuentas, en otro perfecto campo para la experimentación y el rodaje. Replica, pero su derecha no oculta trucos ni desborda, así que Nadal, agresivo, va y viene, analiza, acomete y disfruta de nuevo, pone en marcha la cilindrada en la carrera y sigue afilando ese drive que en solo tres días ya dicta, dirige y mete miedo. 14 de los 15 primeros puntos a la hucha. Kubler, 30 años y 102º del mundo, sale tan impresionado por quién está al otro lado de la red que no consigue arañar recompensa alguna hasta el sexto juego, cuando el español ya lo ha mecido de un costado a otro de la pista, poniendo a prueba todo el repertorio con él, y el médico ya ha tenido que asistirle del codo. Masaje, muecas, suspiros, plátano, agua. Nada está de más para pasar lo mejor posible el mal trago. Un calvario. Se rompe el duelo. Ahí se ha terminado, en realidad.

Nadal pega duro y aprieta cada vez más el nudo, cediendo solo cuatro puntos con su servicio antes de adjudicarse el primer parcial. Serán siete al desenlace, por los seis del primer día. Otra exhibición con el saque. Gesto de concentración y de convicción, alterado solo cuando el juez de silla le lanza una advertencia por haberse demorado unos segundos en el receso de un set a otro para irse al baño y cambiarse la indumentaria, empapada por el sudor en esta noche australiana de calor y humedad, techo cerrado otra vez. “Sé que tengo cinco minutos, pero me he tenido que cambiar toda la ropa. Iban avisándome por el walkie-talkie y creía que iba bien… Sé que soy lento, así que voy a tratar de mejorar en ese sentido este año”, dice cuando ya ha rubricado la victoria, sellada con 20 tiros ganadores y solo ocho errores no forzados. Esto es, de nuevo un Nadal serio y firme, sin fisuras. Solvente. A la espera de un diagnóstico más fidedigno que llegará cuando se tope con un rival de mayor envergadura, su reaparición sigue alimentando el optimismo de sus feligreses.

“Necesito partidos, necesito salud, necesito seguir entrenando bien. Los dos últimos partidos aquí ayudan, también el dobles [el domingo, con Marc López]. Las victorias y pasar tiempo en pista claro que ayudan”, valora a pie de pista; “estoy feliz por ello, por volver después de un largo tiempo y por sentirme competitivo, eso es todo lo que quiero. Ahora veremos qué pasa y hasta dónde puedo llegar”.

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