Novak Djokovic acaba de clavar un saque abierto para cerrar el juego y en dirección a la silla, explota: “¡Booooom! ¡Booooom!”. Proyecta los gritos hacia la grada de Melbourne, que arropa al francés Adrian Mannarino porque la tunda –sin que se haya consumado todavía el 6-0, 6-0 y 6-3 definitivo– está siendo de aúpa. El rival se lo toma con humor y dibuja en su rostro unas gafas con los dos roscos que ha encajado, pero el serbio no termina de entenderlo. No termina de comprender que después de haber alzado diez trofeos aquí y de que siga cazando más y más récords –otros dos más este desapacible domingo–, la totalidad del público no se rinda a sus pies. “Realmente, quería perder ese juego en el tercer set porque la tensión estaba aumentando en el estadio, y necesitaba quitarme eso de en medio y enfocarme en lo que tenía que hacer para cerrarlo”, dice el número uno, presente ya en los cuartos de final y agrandado después de esta última actuación. Sorteados los primeros días de sufrimiento, se entonó el viernes contra Tomás Martín Etcheverry y hoy le sufre el galo: es Djokovic en estado puro.

“Los dos primeros sets han sido los mejores que he jugado en un tiempo, sí. Jugué genial, del primer al último punto. Adrian es un jugador muy poco ortodoxo, que usa los ángulos muy bien y que tiene uno de los reveses más planos y consistentes del circuito. Tenía que endurecer de alguna manera los intercambios largos y correr por la pista como lo hice. Saqué muy bien en los momentos que necesitaba los primeros. Gran actuación”, sentencia. En paralelo, la historia dice que hacía 12 años que no se daba un festín similar y que el marcador ya forma parte de los más abultados de su carrera; solo ha cedido tres juegos, solo uno más de los que concedió a Nicolás Massú (Australia 2007), Carlos Berlocq (US Open 2011), Paolo Lorenzi (Australia 2012), Nicolás Mahut (Australia 2012) y Lorenzi otra vez (US Open 2012). Se avecina el momentum del torneo y el serbio despliega las alas y las bate. Ha despertado la bestia, dice el gran Rod Laver.

“Es como si estuviera preparándose para la final”, comentaba un día antes la leyenda que da nombre a la central, el hombre que ganó 11 grandes y que consiguió algo único e inalcanzable hasta ahora: repetir el hito del Grand Slam, ganar los cuatro majors en un mismo año. Solo él (1962 y 1969) lo hizo. Una vez lo lograron Don Budge (1938), Maureen Connolly (1953), Margaret Court (1970) y Steffi Graf (1988). El de Belgrado, sin embargo, se ha quedado cuatro veces con la miel en los labios, a solo una dentellada de completarlo. En cualquier caso, para The Rocket Laver, 85 años, no hay discusión posible. “Saca bien, sus golpes de fondo son inmejorables. Así que creo que, salvo que alguien juegue milagrosamente su mejor tenis para derrotarlo, ya pueden empezar a poner sus iniciales en el trofeo”, afirmaba durante el encuentro con los reporteros locales; “para empezar, es un gran atleta, pero su mente está totalmente centrada en el tenis. Así es como se es un gran campeón”.

Rod Laver atiende a los medios australianos en Melbourne Park.LUKAS COCH (EFE)

Hacía tres años que Djokovic –citado el martes con el estadounidense Taylor Fritz, verdugo de Stefanos Tsitsipas– no desplegaba su repertorio en la sesión diurna del torneo. Dice que no es ningún secreto que prefiere el horario de las siete, pero que lo de hoy “no ha estado mal”. Una hora y veinte minutos ha tardado Mannarino en hacerle el primer juego, 32 triunfos encadena en Australia. En busca de su undécimo título y del 25º Grand Slam, con el que superaría el récord histórico de Court, el rey del circuito se marcha satisfecho. Tras un trastabillado inicio de semana, trabajo bien hecho y otros dos registros a considerar. Ya no le caben en la libreta. Figura por 14ª vez en los cuartos del torneo y por 58ª en los de un grande, luego iguala con Rafael Nadal en el primer caso, y con Roger Federer en el segundo.

“Siempre intento ser eficiente y acabar el partido lo más rápido posible, en sets seguidos, pero no siempre es posible”, se refiere al accidentado despegue ante Dino Prizmic y Alexi Popyrin, ante los que entregó sendos parciales y tuvo que sortear momentos delicados. “Según avanza el torneo los rivales son más duros y tienen un nivel más alto. Así que, en partidos a cinco, nunca se sabe lo que va a pasar. Pero no pienso en eso, me dejo llevar, y los dos últimos días han sido realmente buenos en general. Está yendo todo en la dirección positiva, así que estoy encantado”, concluye. Djokovic se levanta, los demás tiemblan.

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