Willy Hernangómez, durante el partido ante el Mónaco.SEBASTIEN NOGIER (EFE)

Kalinic perdió un balón y se le apoderó la desidia, pues bajó los hombros y la cabeza para que el Mónaco volviera a poner tierra de por medio, de nuevo a los dos dígitos de distancia. Al duelo le quedaban todavía unos cuantos minutos pero para el Barça se acabó se sopetón, anémicos los jugadores de voluntad y ambición, descascarillados tras sumar su séptima derrota en los últimos 10 partidos. Cuando la bocina indicó el final del encuentro, el resultado fue tan expresivo como bochornoso: 91-71. Idéntico marcador al envite anterior, cuando el Unicaja dio buena cuenta de un equipo en descomposición. Nadie salió a la palestra para entonar el mea culpa del mismo modo que desde el área de comunicación negaron las entrevistas pactadas a los medios para estos días. Un silencio delator. Pero de puertas para adentro no sucedió lo mismo porque el responsable del área de baloncesto y vicepresidente del club, Josep Cubells, se reunió en las oficinas del club con el mánager de baloncesto Juan Carlos Navarro y el director deportivo Mario Bruno Fernández. Unas cuantas horas después, ya pasada la una de la madrugada, se dio por concluida una reunión de urgencia que aclaró dos puntos: Roger Grimau seguiría como entrenador hasta fin de temporada -de hecho ni se debatió el asunto- y a la plantilla se le daría un toque de atención severo por la falta de competitividad y actitud, por bajar los brazos.

El mensaje era diáfano y Navarro tardó un día en hacerlo público, aunque no antes de comentárselo al entrenador primero y a la plantilla después, que aceptó el rapapolvo. “Ha habido actitudes dentro y fuera de la pista que no nos han gustado y que no son dignas de este club y de esta camiseta. Hay cosas que ya están habladas y que no volverán a suceder. Todos los jugadores deben dar un paso adelante para cambiar esta dinámica”, expuso sin querer aclarar los enredos que han sucedido lejos del parquet. “No son cosas graves, pero sí son síntomas de que el equipo no está como debería”, expone una voz autorizada del club. Las que suceden en la pista, sin embargo, son palpables, pues el equipo se ha desinflado de mala manera porque empezó de lo más sugerente, capaz de ganar a los mejores -a excepción de un Madrid intratable que le tiene tomada la medida como a todos los demás rivales-, para perder de repente su baloncesto. “Este equipo ha demostrado lo que puede hacer, que puede jugar muy bien, pero ahora se ha pasado al lado oscuro. Ha perdido la intensidad y hay grandes lagunas defensivas que han generado ansiedad y nerviosismo, también una pérdida de confianza”, señala otra fuente de la entidad; “la solución pasa por ser mucho más duros en defensa y por no perder la concentración tan fácilmente. Pero, sobre todo, por defender esta camiseta hasta el final”.

Algo no funciona porque el equipo es el tercero en Europa con un 11-6 de balance entre triunfos y victorias, y el tercero en la Liga Endesa con un 10-6, lo mismo que el sexto clasificado. Números irrisorios para el Barça, que suma un 36% de fracasos en la temporada y pasa por un viacrucis como le ocurriera en la temporada 2006-07 con Dusko Ivanovic en el banquillo (37-20 entre Europa y la ACB; con un 35%), lejos en cualquier caso del curso 2016-17 con Giorgios Bartzokas, que se quedó en un 34-28 (un 45% de derrotas). Pero de Grimau no se duda. “Es nuestro referente y lo sigue siendo. Está haciendo un gran trabajo y no es fácil. Confiamos en él, en el proyecto y en los jugadores que tenemos y creemos que debemos dar una mejor versión”, señaló Navarro. Cubells lo ratifica: “Se confía en entrenador y jugador para tirar adelante”. Pero el vestuario debe cambiar su pelaje.

Una de las cosas que más preocupan a la dirección es esa falta de orgullo, pues el equipo ha perdido de forma abultada en varias ocasiones pero también contra rivales de menor calado, como contra el Alba de Berlín, colista en Europa. “Eso es lo que no puede ser”, argumenta una voz autorizada de la entidad; “hay que ser profesionales siempre”. Y hay nombres señalados. El más evidente es Willy Hernangómez, MVP del pasado Eurobasket y fichaje que llegaba de la NBA por el que el Barcelona hizo un sobreesfuerzo después de rebajar la masa salarial de la plantilla en un 20% [no se renovó al técnico Jasikevicius y, entre otros recortes, se rompió la vinculación con Nikola Mirotic]. Considera el técnico que el pívot ataca tan bien la canasta rival como mal defiende la suya, una fragilidad bajo el poste que le cuesta muchos puntos al Barcelona. “Del fichaje no se duda”, apuntan desde el club; “pero se ve la carencia y hay que arreglarla”. Y aunque en la ciudad deportiva desvelan que su actitud es buena, que sabe que debe dar ya un paso al frente, en la pista no sucede lo mismo como explican sus números, pues a cada envite mengua su participación, apenas siete minutos ante el Mónaco, sempiterno suplente de Vesely y hasta rebasado por un Nnaji que reclama más oportunidades. Aunque Willy no es el único advertido, ya que Satoransky y Jokubaitis, además de un Óscar Da Silva que anónimo por definición, ya saben que deben recuperar su juego. Más que nada porque Grimau ya ha explicado que se acabaron los galones ganados en el pasado sino que se regirá por la meritocracia y por el rendimiento. “Se jugará más o menos dependiendo de lo que se mejore”, desliza una voz oficial del Barcelona.

Ocurre, sin embargo, que hasta ahora no se ha dado esa ecuación porque Grimau siempre apostó por el mismo quinteto inicial y por unas rotaciones habituales, dando mucho protagonismo a los jugadores del pasado y muy poco a los nuevos. “Ha costado que cogieran el ritmo porque llegaron y se pusieron a competir, casi sin entrenamientos”, justifican desde el club, a la vez que apuntan que Jabari Parker llega desde la NBA y se pensaba que el deporte eran versos sueltos y poco equipo. Así que Joel Parra -claro ejemplo de que no digiere la derrota por su energía en la pista a cada ocasión que tiene la vez- gana enteros como también lo hace, aunque más modosamente, Darío Brizuela. Baloncestistas a los que se aguarda, toda vez que desde el club no van a fichar a nadie más -aunque es evidente que falta alguien que amenaza con el tiro exterior; sobre todo ahora que Abrines está lesionado-, a no ser que llegue una ocasión sensacional de mercado o se lesione algún jugador de gravedad.

Queda por ver si esta nueva política de Grimau se instaura ya ante el Madrid, próximo rival de la Euroliga en el Palau (este miércoles a las 21.00), del mismo modo que también se pone en tela de juicio la capacidad de liderazgo en el equipo, ausente ya Mirotic. “Laprovittola y Vesely asumen ese papel, también Abrines. Ese no es el problema” se apresura a corregir una fuente oficial del Barcelona. Y, aunque sabe que una paliza del conjunto blanco haría mucho daño, describe el partido ante el Madrid como una oportunidad. “Social y deportivamente puede ser un partido desencallante para nosotros. Si se le gana o, al menos se le compite como se debe y hasta el final, puede ayudarnos. Pero el Madrid está muy fuerte y lo importante son los siguientes enfrentamientos ante el Baskonia, el Obradoiro (dirimirá si es cabeza de serie en la Copa del Rey), el Olympiacos y el Zalgiris, todos en casa”. Desde el Barça, área deportiva y por extensión entrenador, tienen clara la receta: menos galones y más meritocracia.

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