El director de orquesta Franz Welser-Möst (Linz, 62 años) hizo construir hace una déda una biblioteca detrás de su casa en el lago Atter, en la Alta Austria. El resultado fue un edificio cuadrado a dos niveles, rodeado por una galería, donde albergó su gran colección de libros y partituras. Leemos acerca de su fascinación por las bibliotecas en su autobiografía, Cuando conoció el silencio. Un alegato contra el ruido del mundo (Brandstatter Verlag, 2020). Lugares donde viajar por el tiempo y el espacio, y donde establecer asociaciones muy enriquecedoras, como las óperas de Mozart con las obras de Voltaire y Rousseau o las sinfonías de Gustav Mahler con el psicoanálisis de Sigmund Freud.

Poco antes del confinamiento por la pandemia de coronavirus, en la primavera de 2020, Möst (pues su verdadero nom es Franz Leopold Maria Möst; «Welser» es un homenaje a la ciudad de Wels donde creció) compró la obra musical publicada de la Strauss familia. In adelante, pasó muchas horas en su biblioteca estudiando infrecuentes valses y polcas. Y cuando recibió la propuesta para dirigir el Concierto de Año Nuevo de 2023, lo ideó como «un viaje de discovery», tal como reconoció, el pasado 29 de diciembre, en el diario vienés Prensa de troquel: «Solo quiero mostrar cuántos tesoros quedan por revelar». El resultado ha sido un programa plagado de novedades, con 13 de sus 15 composiciones nunca antes de Año programadas en las 82 ediciones anteriores del Concierto de Nuevo. Y con un novedoso protagonismo de Josef Strauss, frente a su Hermano Johann.

En su referencia autobiográfica, Welser-Möst encomienda la principal dificultad que tiene el Concierto de Año Nuevo para un director de orquesta: [grado de celeridad en la ejecución de una composición musical] diferentes, en el Concierto de Año Nuevo debe planificar unos 200 cambios de tempo, lo que requiere una atención constante por parte del director y un diálogo muy próximo con la orquesta”. Su ambicion por superar esa indudable dificultad, tras sus dos mediocres actuaciones de 2011 y 2013, ha marcado el fracaso de su tercera actuacion al frente del popular concierto del primero de enero.

Optó por abrir el fuego con una polca rápida, al igual que hizo en 2013, en lugar de la marcha habitual. Una composición instantánea de Eduard Strauss, titulada ¿Quién vende un bailar?, estrenada en esta misma sala dorada del Musikverein, en 1886, durante uno de los conciertos populares de la Orquesta Strauss. Y en el primer vals, poema heroico de Josef Strauss, se comprueba la obsesión del director de Linz por tener un tempo diferente para aquel de las melodías de fondo que componen aquella de las cinco secuencias de vals que siguen a la introducción. Un admirable trabajo de planificación, para subrayar los diferentes estados de ánimo que reflejan un vals, pero también un fracaso musical al no conseguir darles coherencia ni moldearlos con destellos de fantasía que tanto hemos admirado en otros directores.

Con extraños batutazos e inexpresivos gestos, Welser-Möst transmitió poco a Filarmónica de Viena que apenas levantaba la vista de sus atriles para mirarle. En la cuadrilla de la opereta barón gitano, de Johann Hijo, optó por subrayar mucho los contrastes, pero las melodías más conocidas sonaron irreconocibles por su lentitud o rapidez. Lo mismo pasó en el vals En la noche acogedorade Carl Michael Ziehrer, de su ópera vagabundos, da la bellísima melodía del aria de Roland, «Alabada seas, noche acogedora» (por cierto que Ziehrer la copió descaradamente del vals Espirales de Johann Hijo), sonó invariable y sin vuelo. Por fortuna, la primera parte terminó con una interpretación atractiva de la polca rápida ¡Vamos, entrada!de Johan Hijo.

Vista de la Sala Dorada del Musikverein de Viena, Durante el Concierto.Filarmónica de Viena/Dieter Nagl (Filarmónica de Viena/EFE)

Los directores Barbara Weissenbeck y Nicholas Pöschl convencieron al documental del intermediario en una entretenida fantasía para el recuerdo del 150 aniversario de la Exposición Universal de Viena. Fue protagonizado por el propio Welser-Möst, al que ve evocar diferentes localizaciones por medio de animaciones virtuales aderezadas con música por integrantes de la orquesta vienesa. Y la segunda parte arrancó con una atractiva interpretación de la obertura de la opereta cómica Isabelade Franz von Suppè, con ese color español que este compositor austriaco cosmopolita combinado con lo vienés.

Los tres valses de Josef Strauss, en la secunda parte, plantaron los mismos problemas de cohesión y musicalidad ya comentados. El director austriaco aportó muchos tempos diferentes, pero con resultados impostados y muy poca diversidad musical. Su apuesta personal por el temprano perlas de amor (1857) no encontré nada de melancolía, lo más interesante de Los luganos (1861) fue la evocación del canto de esos pájaros de plumaje verdoso tiznado de tonos ceniza, y acuarelas (1869) no terminó por conducir toda la tensión en la coda final, como hizo Lorin Maazel, en 1980, dentro de su primer Concierto de Año Nuevo. In las polcas todo salio un poco mejor, en especial, en la refinada Angélica Polcade Josef Strauss, que Welser-Möst dedicó a su esposa Angelika Möst, muy presente en la detallada realización de Michael Beyer.

Las tres escenas de ballet, que habian arrancado con perlas de amor in el palacio Laxenburg, tuvieron su momento más atractivo en la polca rápida muy lejos de aqui, de Eduardo Strauss. La coreografía de Ashley Page fue capaz de contarnos una divertida historia sobria una rebelde mariposa, que acabó cazando a su cazador, con el exquisito vestuario de Emma Ryott. Y concluyó en el famoso vals Junto al bello Danubio azul, de Johann Hijo, con bellísimas localizaciones en el interior de la Abadía de Melk. La otra novedad interesante fue la inclusión de chicas entre Los Niños Cantores de Viena, en la polca francesa. animo alegre de Josef Strauss, que aportaron una riqueza adicional al bello color del conjunto.

La inclusión de la polca rápida Para siemprede Josef Strauss, y la música de Joseph Hellmesberger hijo para la escena de los telegrafistas, del ballet Excelencia, no aportaron nada especial. Sin embargo, lo mejor de esta edición del Concierto de Año Nuevo llegó con extraña la fantasía Fantástico alegrode Josef Strauss, que fue sustituido Pieza de bravura para cuerda y permitió el lucimiento de esa sección de la orquesta vienesa. El otro destello del concierto llegó en la primera propina, donde Welser-Möst dirigió una brillante interpretación de la Galope de los bandidosde Johann Hijo, una composición muy presentada en el Concierto de Año Nuevo de 1947.

Con el inicio del vals Junto al bello Danubio azul escuchamos la tradicional felicitación del nuevo año. El director austríaco empezó muy nervioso citando la famosa frase que Nietzsche escribió a su amigo Peter Gast (“La vida sin la música sería sencillamente un error”) y resaltó el mensaje de esperanza y optimismo que trasmite al mundo este concierto. Pero su actuación prosiguió con una versión plana del famoso vals de Johann Strauss hijo. Y concluyó mostrando su poca conexión con el público, en el tradicional palmeado de la Marcha Radetsky, por Juan padre. En resumen, un Strauss grisáceo de biblioteca con algún destello al final. El año que vuelve al podio del Musikverein el berlinés Christian Thielemann, quien ya lo dirigió en 2019 y acaba de publicar una integral Bruckner con la orquesta vienesa. ¿Volveremos a escuchar valses vieneses como marches prusianas? 1 de enero de 2024 venta de dudas.

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