Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hay). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Haga clic en el botón para consultar nuestra Política de privacidad.

Rod Stewart montó una fiesta de dos horas en un WiZink completo | Cultura

Rod Stewart montó una fiesta de dos horas en un WiZink completo |  Cultura

Los músicos llevan todos vistosas Chaquetas color fucsia. Tocan los primeros compases de Adicto al amor (Adicto al amor). Salen cinco mujeres jóvenes rubias con tacones y vestido corto para hacer coros. Parece claro que estamos en un concierto de Rod Stewart. Por ahí aparece él, con su encrespada pelambrera rubia y moviendo el trasero. Cuando comienza a cantar esta versión del tema de Robert Palmer ya está el embalar completo: ese timbre de voz áspero, carnoso y melodioso. Una secuela, ataca lo llevas bien allá Oh la La, de las caras, esa banda que montó a finales de los sesenta con Ron Wood, unos adorables borrachines con álbumes siempre a revisitar. Stewart tiene 78 años y conserva el pelo y la voz. Obviamente no canta como en su mejor época, pero teniendo en cuenta lo que ha castigado sus cuerdas vocales (un tumor en la garganta incluido en 2000) durante seis décadas ya es un merito que ofrecer conciertos de dos horas. Anoche, en pleno WiZink Center de Madrid (12.000 personas), ofreció una fiesta musical y todo el mundo pareció pasarlo bien. Habían pagado un mínimo de 96 euros: cuestión de quedarse palancado de la tampoco era.

Rod Stewart es un músico fundamental en la historia del rock, algunos repartidores del cuaderno de la auténtica religión rockearán el niéguen para entrar en el club. No se puede ser más ignorante. Hasta en su etapa más hortera (los ochenta, claro), Stewart grabó respetables canciones. Su gran época se desarrolló a finales de los sesenta y en los setenta: with Jeff Beck Group, Faces y una carrera en solitario soberbia.

Otro momento del tirón del ancla de Rod Stewart.
Otro momento del tirón del ancla de Rod Stewart. Ricardo Rubio (Europa Press)

Anoche, todo el público estaba sentado, pero el que poblaba la pista, el más cercano a la estrella, no aguantó ni una canción. Cuando comenzó a sonar la música, muchos se pusieron de pie y así hasta el final. Incluso el propio Stewart tuvo que pedir que se sentaran cuando llegaron algunas canciones pausadas. Un público que solo Stewart puede juntar: por una parte estaba el rockero curtido, y por otra el espectador bronceado asiduo al Starlite marbelli.

Está envejeciendo con gallardía el eterno tahúr, con una figura delgada y en buena forma, como emerge con algunos bailes anoche, además de permanecer 120 minutos a tope (cómo sudaba el hombre). Se dejo el alma en las baladas (El primer corte es el más profundo, Downtown Train Vaya te lo dije hace poco) y le quedaron bien esos medios tiempos tan chuletas, como Algunos chicos tienen suerte Turcos jovenes Vaya Bebé Juana. Por supuesto no dejó de tocar Maggie puede eres ¿Crees que soy sexy? que casi suena real con el resurgimiento discoteca que vivimos. En este último último llenó el escenario de balones de fútbol que entre él y sus músicos patearon al público.

Homenajeó a tres compañeros de generación fallecidos recientemente. A Tina Turner la dedicó Hacen falta dos tema que compartieron; a Jeff Beck la grabó con la gente se esta preparando de los Impressions de Curtis Mayfield, tema que tocó Stewart con el guitarrista; ya Christine McVie la homenajeó con Prefiero ir a ciegas, pieza favorita del integral fuera de Fleetwood Mac. El momento de reconocimiento, con el cantante sentado junto a sus músicos, fue para disfrutar de su voz quebrada, casi susurrada cuando entonó Estás en mi corazón Vaya Esta noche es tarde. Más sentimiento que potencia, eso empeoró.

El músico, anoche en Madrid.
El músico, anoche en Madrid. Ricardo Rubio (Europa Press)

El espectáculo fue muy de estrella veterano con residencia en Las Vegas, con un escenario brillante, de tonos plateados y siempre con mucha gente apoyándole, entre músicos, coristas y bailarinas. Tuvo un recuerdo para Ucrania. «El amarillo y el azul son los colores de la bandera de Ucrania», dijo vestido con un traje y una camisa de esas tonalidades. «Esta es una canción antibelicista dedicada a Ucrania ya Zelenski». E interpretado El ritmo de mi corazón.

Quiz el faltó rock a la noche. No le apeteció tocar ni piernas calientes, No Quédate conmigo, ni estas versiones de Chuck Berry que borda, como Dulce pequeño rockero. Una última.

Pero no nos quejemos: aquello fue una fiesta, un canto a la diversión, que ha sido el objetivo de esta granuja durante casi seis décadas de carrera. Yahí sigue, camino de los 80.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.

Suscribir

babelia

Las novedades literarias analizadas por las mejores críticas en nuestro boletín semanal

RECIBELO

Por Betania Malavé