Euroliga jornada 17

AS Monaco

Barça

Laprovittola trata de entrar a canasta ante la defensa de James y Blossomgame.SEBASTIEN NOGIER (EFE)

El Barça es un quiero y no puedo, un equipo que ha perdido la fe y la creencia, también el juego y cualquier ambición. Suma debacle tras hecatombe, pifia tras sonrojo porque contabiliza siete derrotas en los últimos 10 encuentros, unos números tan raquíticos como irrisorios para un conjunto que presuntamente aspiraba a todo antes de comenzar el curso, por más que se le recortara la masa salarial en un 20%. La historia volvió a repetirse en Mónaco, derrota con estrépito de 20 puntos, y evidencia de que el Barça se ha extraviado, exigido ahora a corregirse con el nuevo año porque parece estar en descomposición.

Al más puro estilo norteamericano, el público del Mónaco no se sienta hasta que su equipo no mete la primera canasta. Es una tradición, una forma también de hacer que los suyos salgan al partido con el foco claro. Ante el Barça, en cualquier caso, se sentaron pronto y lo hicieron al compás del aplauso, toda vez que Motiejunas atinó desde el perímetro. Bienvenidos al espectáculo monegasco y al esperpento azulgrana. Eso, añadido al tapón de Blossomgame y un recital bien dirigido por el eléctrico y habilidoso Mike James hizo tiritar al Barça, también a un Roger Grimau que se desgañitaba desde el área técnica al tiempo que enrojecía. Puede que de ira; puede que de vergüenza. Entre otras cosas porque los azulgrana eran espantapájaros ante las embestidas rivales (10-3 de inicio).

Llegaban tarde a la presión, las cinturas no aguantaban el baile rival y ninguno decía la suya en el rebote, ni en su aro ni en el contrario. Un desaguisado más, una sensación ya conocida que explica que este Barça es la duda personificada, el patito feo, el estudiante que llega al examen sin estudiar, el pretendiente que no capta las indirectas, el equipo que se deshilacha sin remisión. 27-15 en el primer cuarto solo maquillado por dos triples de Jabari Parker; todos cabezas gachas, hombros alicaídos y muñecas torcidas.

En una espiral de malos resultados y peores partidos de baloncesto —en el último envite perdió por 20 puntos ante el Unicaja en la ACB—, los jugadores del Barça se empequeñecen con el paso de los días, pues no hay quien asuma el mando del equipo, añorado como nunca Mirotic. A Laprovittola le falta poder magnético, a Parker comunicación y poco se sabe de un Satoransky que se contenta con cumplir. Peor está Willy Hernangómez —apenas jugó en Montecarlo—, que exhibe una versión muy rebajada de lo que fue, increíble que fuera el MVP del último Eurobasket. Así, entre pérdidas de balón (ocho hasta el entreacto), una escasez hiriente de rebotes y malos lanzamientos, el Mónaco se relamió, equipo de disfrutones cuando le dan carrete, ninguno como Mike James. 47-36 a la media parte. Más de lo mismo.

Trató el Barça de recomponerse, más agresivo en defensa y sobre todo expresivo desde la periferia, pero no hay tutía ni baloncesto que sobre. Tampoco paciencia, ni siquiera de un Grimau que se ha agriado con el paso de las semanas y que se llevó la técnica por protestar, nervioso porque su equipo no se encuentra. Quizá ese fue el único resorte para el Barça, que al fin se empleó a fondo en defensa y que aprovechó la mala fortuna de James —un coscorrón con la barbilla de Satoransky le abrió la cabeza— para colocarse a ocho (54-46). Un espejismo porque Okobo y Diallo explicaron lo contrario, de nuevo a 15 puntos (67-52) con el epílogo por jugar.

Pero tanto daba. El Barça, que llegó a perder de 30 puntos, se hundió a lo grande y no dijo ni pío porque cayó de pe a pa, siempre a remolque y sin rechistar, un chiste para el Mónaco. Bofetón que ahonda en la crisis azulgrana y que reclama acudir al mercado, al tiempo que señala a Grimau. Este Barça va de mal en peor.

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