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Los cuadros feos también tienen su público

Los cuadros feos también tienen su público

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La exposición ‘¿Mala pintura?’ famosa en Barcelona la curiosa fascinación por obras pictricas que, deliberada o equivocadamente, atentan contra el llamado «buen gusto»

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‘Imagen lenticular de Dal i Duchamp en dibond’ de Carlos Pazos.dani rovira

En un mundo dominado por animales millonarios como el tiburn sumergido en formalina de Damien Hirst o los perretes globoflxicos de Jeff Koons, alguien completamente ignorante en la materia podra llegar a preguntarse en qué momento se torció la historia del artecuando el «mal gusto» empez a ser la corriente dominante… ¿Pintura mala?, que el artista Carlos Pazos y el ensayista Eloy Fernández Porta han sido comisariados en la Fundación Vila Casas, en Barcelona (abierta hasta el 4 de junio). «Hace tiempo que me pregunto que es la buena pintura y que es la mala pintura, ¿cómo sabemos o si es de buen gusto o de mal gusto?», dice el primero. «¿Pintura mala? no sólo es una exposición, es una pregunta con muchas respuestas». Y especifica que su intención no es tanto reflexionar sobre que es «mala pintura», sino mostrar «cómo la calidad de la pintura, se establece en función del gusto y del criterio de la clase dominante».

Dividida en cinco mbitos con ttulos divertidos, como Carrinclinal, ¿Pintura mala?recoge ms de un centenario de obras de pintores catalanes, de entre 1850 y 1950 (salvo las propias Pazos), cuya autora se puede consultar en un libreto. No figura, como en cualquier otra exposición, al pie de la obra, cuestin de no offender a los herederos de los artistas, algunos completly annimos, otros conocidos, ya que los cuadros, comeientes de la coleccin personal de Pazos or de las catacumbas del El MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya), se ha unido en una amalgama risueo que no ensalza su calidad, sino lo contrario.

Sin embargo, la carga irónica de la exposición es ambigua, y que la experiencia no consiste, o por lo menos no totalmente, en visitar la exposición par rerse de los «cuadros malos» con un deje de superioridad, pues también ejercen un poder extra de fascinación. Dentro de lo malo, hay cuadros buenos. Si están mal ejecutados, hablamos de la potica del error, si se trata de un cuestin de «mal gusto» nos vamos por un terreno resbaladizo.

No se sabe cundo el «mal gusto» -siempre entre comillas, dada su heterogenea subjetividad- empez a hipnotizarnos. Fernández Porta volvió a los llamados «gabinetes de curiosidades» que, a partir del siglo XVI, «incluyen necesariamente objetos y objetos que se apartan del paradigma estético de cada momento histórico».

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‘Busto femen nu entre les onades’ de Joan Brull.Museo Nacional de Arte de Cataluña

El siglo XIX, con la Revolución Industrial, facilitó la aparición del kitschque se considera como una mala copia, realizada con materiales toscos y peores acabados, reflejo de sueo aspiracional y de falso lujo. De la producción en serie derivada de la cultura popular(-ular), y desata el debate sobre la distinción entre la alta y la baja cultura, que todava colea. Las lites decimonicas se apropiaron del «buen gusto» para distinguirse de las clases superiores, añadiendo una capa al mero hecho de que la adquisicion de una obra de arte e implica una distincion de estatuto, antes de invertir econmica qu’experiencia esttica.

El arte tiene un precio, y si no lo tiene es que es malo. Oh mierda no llave adicional Notas sobre el campamento (1964), Susan Sontag define esta sensibilidad como «el buen gusto dentro del mal gusto», y citaba, entre otros ejemplos, los dibujos de Aubrey Beardsley, que tiene su equivalente catalán, fichado en ¿Pintura mala?: «Ismael Smith fue, en sus inicios, el local Beardsley», de Fernández-Porta.

Con el pop-art de los 60, la frontera entre la alta y la baja cultura empieza a diluirse. Pero ¿Pintura mala? es un eco de una exposición casi hominma (sin interrogante), que se dio en el Nueva York de 78, cuando Marcia Tucker reuni obras de artistas que han sido marginados en un momento histórico en el que «el mismo arte de pintar era ocasionalmente considerado de» mal gusto «, a causa de lecturas extremas del conceptualismo». En Catalunya, por entonces, tambin dominaba el arte conceptual, y se dio esa misma aversin a la pintura, «a diferencia de otros territorios en los que lo conceptual y lo pictrico convivieron de manera ms pacfica, o en modo ‘cada cual en su casa y Dios en la de todos'», recalca el escritor.

Como pues, además de eso pasaremos por lo que observamos aquello que escapa a nuestro infalible «buen gusto», en ¿Pintura mala? también hay algo de reparación histórica. El conmovedor gesto de amalgamar obras olvidadas, incluso escondidas, con otras que difcilmente veran la luz en otro contexto, evidencia que tambin hay clases dentro de la «mala pintura», incluso algunas pueden emocionarnos, no tanto a pesar de que la percibamos como una comedia involuntaria, sino incorporando eso también a la experiencia. Hasta puede que, de adentrarnos más profundamente en las aguas de la pintura de «mal gusto», acabemos desarrollando nuestro particular gusto en la materia. Ni mejor ni peor; ni bueno ni malo; ni viola ni bajo. Pero necesariamente atrofiado. La atrofia, al fin y al cabo es lo que nos define como personas nicas, que no ideales. Tras la experiencia barcelonesa, podríamos poner rumbo al Museum of Bad Art, en Massachusetts, que, desde 1993, ha ido sumando hasta 600 obras bajo el lema «demasiado malas para ser ignoradas».

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