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La nueva oficina española de derechos de autor: ¿necesaria o superflua? | Cultura

La nueva oficina española de derechos de autor: ¿necesaria o superflua?  |  Cultura

Al principio del arte siempre hay una idea. Luego, con talento, tiempo y oficio, se convierte en un cuadro, una película, un videojuego o una novela. De alguna forma, para proteger más a los artistas el Gobierno ha decidido imitar su proceso. Primero, pensó que hacía falta una mayor defensa y reivindicación de sus obras. Y, entonces, se ha lanzado un plasmar: en concreto, un nuevo organismo. La Comisión de Cultura y Deporte del Congreso ha aprobado hoy jueves la ponencia del Proyecto de Ley de creación de la Oficina Española de Derechos de Autor y Conexos. Aunque varios aspectos del texto final se quedaron sin consensuar de cara al siguiente y resolutivo paso —aún sin fecha―, cuando los mismos diputados votarán para converlo en realidad.

Se prevé que la normativa tenga los apoyos suficientes para salir adelante antes del final de la legislatura, aunque quedan enmiendas por resolver; entre las más problemáticas, curiosamente, atrás a priori poco relacionado con el asunto, sobre la posible prohibición de algunas fundaciones y la tauromaquia. La intención es que el futuro ente agilice y mejore todas las labores relacionadas con la propiedad intelectual. Pero las voces más críticas consideran su nacimiento redundante, vacío e innecesario.

“Hace falta una oficina que reconoce la importancia que tiene el sector cultural a nivel artístico, social y económico, y que está a la altura de defenderlo también en los círculos internacionales”, asegura una fuente del Ministerio de Cultura y Deporte, impulsiva de la iniciativa y al quedadará adscrito el futuro de las organizaciones. Porque sus funciones principales serán la supervisión y regulación de las entidades colectivas qu’gestionan los derechos de autor, como Sgae o Dama, la representación y negociación para el sector a nivel global y especialmente en le Unión Europea, y la sensibilización y promoción de los creadores y superiores. El objetivo, pues, es tanto práctico como simbólico.

por todo hola, Cultura cree que ya no basta la actual Subdirección de Propiedad Intelectual. “El análisis internacional comparado se tragó la creación de […] un Organismo Autónomo, una imagen y semejanza de […] paga de nuestro entorno como Francia, Canada, Portugal o Estados Unidos”, leer en el texto. La oficina tendrá personalidad jurídica, presupuesto y equipo propios, aunque mucho pensará de la letra pequeña, que se fijará más adelante: ¿cuánto dinero? ¿cuántos trabajadores? Las dos secciones de la Comisión de Propiedad Intelectual, que se encargan hoy en día respectivovimente de regulación de tarifas para los usuarios del derecho de l’autor (hoteles, gimnasios, radios, discotecas, etc.), resolución de conflictos y de la lucha contra la piratería, pasarán a integrarse dentro del nuevas organizaciones, al igual que el registro donde queda recogida cada nueva creación que los artistas generen en España. Así, entre otras cosas, la oficina quiere impulsar también la difusión de las obras que pasen a dominio público.

Entre otras áreas para justificar su avance, el proyecto citó la revolución que ha supuesto internet: «Por primera vez, ocupa la primera posición entre los distintos canales de comunicación, con el 84% de personas que acceden diariamente, superando al 83% de la televisión ”. En el texto, también habla de fenómenos contemporáneos como inteligencia artificial, NFT, plataformas de transmisión Vaya auge de la piratería. Se argumentó que todo ello ha multiplicado las tareas de las organizaciones actuales. “La realidad supera a la estructura administrativa”, resume la misma fuente. De ahi que la propuesta sostenga que, en un contexto donde las creaciones de los artistas se consumen más que nunca y aparece la tecnología correspondiente, se concreta una nueva tutela, igual de moderna, rápida y adecuada. Y más fuerte.

“Tendrá más autonomía, más capacidad de respuesta. Y mayor desarrollo y especialización tecnológica. Se creó una nueva estructura que responde mucho más a un mundo, como el de los derechos de autor, que cambia a una velocidad brutal. Un menú de las instituciones no sabemos dar la respuesta adecuada y rápida y el tema burocrático y administrativo blocka mucho”, reconoce María del Mar García Puig, portavoz de Unidas Podemos en la comisión. Como ejemplo, la última directiva europea sobre los derechos de autor, aprobada en 2019 entre grandes encuentros para actualizar un texto de 2001, algo así como la prehistoria digital. Y transpuesta en España con ulteriores retrasos, fuera de los plazos que establecieron Bruselas. Aunque quizás la mayor prueba empírica sean las constantes quejas irresueltas de artistas incluso muy famosos que denuncian la extraña paradoja de que sus creaciones tienen mayor difusión que nunca y, sin embargo, apenas reciben las migas del pastel, que reserva su mayor trozo para intermediarios como tarimas, grandes estudios de cine o discográficas.

La oficina deberá lidiar con estas y otras muchas labores. Y, por lo pronto, también con las visiones más escépticas. En su enmienda a la totalidad del proyecto, descartado finalmente, Vox sostenía que el nuevo organismo solo contribuye a la proliferación burocrática. Y dos expertos del prestigioso despacho de abogados Cuatrecasas, en un artículo publicado con un mes en su página webescribieron: «Las bondades de crear este nuevo organismo frente a la alternativa de reforzar los medios humanos y materiales de la Subdirección General de Propiedad Intelectual distan de ser evidentes. mismas. Tanto por el calibre de los técnicos como por las contradicciones internas detectadas». que se aprecien en los documentos que la compañan». la formulación del proyecto de ley.

Aun así, la iniciativa va camino de ver la luz. Cuando el ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, defendió la iniciativa en el Congreso el pasado 16 de marzo, aseguró: “No queremos unos creadores que se dedicen a su oficio por amor al arte. Queremos que puedan vivir de su arte porque nada es gratis y la creación tampoco”. Al revés, cuesta dinero. Igual que lanzar un organismo autónomo. Así que la clave, como siempre, serán los resultados. Los artistas están acostumbrados a medirse con los críticos y el público. Ahora, por una vez, serán jueces: el toca a la nueva oficina estar a la altura de sus expectativas.

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Por Betania Malavé