Al principio, el camino ni siquiera existía. La estación de Courchevel (Saboya) nació en los pastos de montaña. “En 1946 lo ideal, en un principio, era crear una estación de esquí familiar y popular, para todos”, dice Agnès Pradelle-Condomine, hija del arquitecto Denys Pradelle, uno de los pioneros de la estación. Se trataba de permitir que todos “estar afuera el mayor tiempo posible”, «ver el sol desde casa sin que te moleste un chalet vecino» Y «para salir en esquís desde casa»reanudar el arquitecto Jean-François Lyon-Caen.
Casi ochenta años después, en esta localidad de 2.400 habitantes que recibe aproximadamente 1,5 millones de esquiadores por temporada −y que acoge los campeonatos del mundo de esquí alpino hasta el 19 de febrero−, están en funcionamiento cuarenta hoteles con estrellas (con veintitrés de cinco estrellas, entre ellos cinco palacios y diez de cuatro estrellas).
Y, de una calle a otra, los permisos de construcción siguen floreciendo hoy en día. Aquí con una edificabilidad autorizada de 6.868 metros cuadrados en una parcela de 2.804 metros cuadrados, allí con otra edificable de 3.012 metros cuadrados en una parcela de 2.436 metros cuadrados. Además de los niveles superiores, se ha puesto de moda la excavación de lujosos niveles subterráneos, al contrario del proyecto original.
«Los asuntos de urbanismo son casi diarios»
La situación cuestionada sobre los herederos de los fundadores de la estación, como otros vecinos, y los procedimientos, en particular en la impugnación de las licencias de obra, son numerosos. «Los asuntos urbanísticos son casi cotidianos en Courchevel», reconoce una fuente judicial.
Habitantes, con ingresos cómodos, pero inferiores a los de los empresarios que se instalan en el balneario, se movilizan en una lucha «de la olla de hierro contra la olla de barro», mientras algunos prefieren ver sus chalets escondidos a la sombra de las nuevas construcciones. Una asociación local ha iniciado procedimientos legales para impugnar ciertas acciones, otra podría crearse en un distrito en oposición a un proyecto para un nuevo hotel de 150 camas.
También se ha presentado una petición para preservar el acceso directo de los vecinos a una pista de esquí, prevista desde los orígenes de la estación. El Ayuntamiento aseguró, en una carta, a algunos de ellos “acceso sostenible a la misma”pero su escritura de venta prevé, a contrario, la posibilidad de un cierre.
En un fraccionamiento de mazots (pequeños edificios habitables de madera de Saboya), conservados por diferentes normativas, los inversores han intentado conectar dos de ellos por el sótano, con el fin de hacer un conjunto más imponente. “Reponemos los mazots preservados de esta especulación local, pero no”lamenta Dominique Claudius-Petit, un residente local.
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