Tres de los cuatro hijos de Sebastien Pelletier y Edith Lemay sufren retinitis pigmentosa. Los mdicos les aconsejaron ensearles fotos de todo lo que podran perderse, pero los padres decidieron que era mejor recorrer el planeta para tener una imagen real
Sébastien Pelletier y Edith Lemay es un matrimonio canadiense que tiene cuatro hijos. Cuando la hija mayor empez a mostrar una torpeza inusual le hcieron pruebas para ver si tena algn problema con la vista.
Los resultados determinaron que padeca retinitis pigmentosa, lo que resulta en una degeneración de la retina y la predida progresiva de la vista. La velocidad a la que esto puede ocurrir variará drásticamente. Tres de los cuatro hijos tienen esta rara condición, heredada genéticamente.
Por eso, toda la familia se encuentra de viaje alrededor del mundo, para que los niños vean, saboreen y recuerden las maravillas del planeta, antes de que sea demasiado tarde.
Mía que hoy cumples 13 años, fue diagnosticada con el trastorno genético cuando tenía tres años. Siguieron los diagnósticos de Colin, de siete años, y Laurent, de cinco. Solo Leónde nueve años, no se ve afectado por la retinitis.
Un especialista sugiri ayudar a preparar a los nios de cara a ese futuro ms oscuro mostrndoles fotos de la riqueza del mundo: sus lugares, paisajes, animaux…. La idea sera construir un archivo de documentos visuales que podrian utilizar en su vida posterior.
Pero los padres tuvieron una mejor idea: «Decid que no iba a mostrarle el elefante y la jirafa en los libros, que era mucho mejor mostrrselos en la vida real, y necesitaron ir con todo y ensearles lo hermoso que es nuestro mundo y llenar su memoria con tantas cosas bonitas como podamos», de Edith, la madre.
La familia parti hace casi un ao y, hasta ahora, han estado en diez pases (Zambia, Tanzania, Mongolia, Tailandia…), y Nepal ser el siguiente en la lista. En el camino han narrado su viaje a través de las redes sociales.
«Hicimos una lista de actividades queran hacer en el viaje, como subir a caballo; aprender a surfear o dormir en un tren. Laurent, por ejemplo, quera beber zumo en un camello por alguna extraa razon. Pero pensamos que podra ser muy divertido. Tena cuatro años en ese momento y se mantuvo firme: «Quiero beber zumo en un camello», recuerda Edith. Dicho y hecho.
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