
Los berlineses vuelven a las urnas este domingo en la repetición de las elecciones autonómicas y municipales de 2021, canceladas por un cúmulo de irregularidades el día de la votación. Alrededor de 2,5 millones de personas están llamadas a elegir de nuevo a los diputados del Parlamento de la ciudad-Estado, en una ciudad que podría complicar las cosas al canciller, Olaf Scholz, si el candidato socialdemócrata no consigue volver a formar Gobierno. Las encuestas dan ventaja a los democristianos.
El Tribunal Constitucional anuló los comicios celebrados el 26 de septiembre de 2021 después del caos organizativo que sufrió en los colegios electorales de la capital alemana. Muchos abrieron tarde, se formaron larguísimas colas, las mesas se quedaron sin papeletas y algunas incluso cerraron Durante unas horas.
Las elecciones al Senado de Berlín coincidieron con los 12 distritos en que se dividió la ciudad, con las elecciones federales y con un referéndum sobre la necesidad de expropiar los grandes tenedores de vivienda. Asimismo, este día se celebró la famosa maratón de Berlín, que colapsó la ciudad. Las furgonetas que transportaban papeletas a los colegios donde se habían terminado se quedaron atrapadas en los atascos.
La lista de irregularidades es tan grande que el Constitucional tomó una decisión hasta ahora inédita en Alemania: repetir los cómicos con los mismos candidatos y sin empezar nueva legislatura. El comité que examinó los errores de aquella jornada de caos enumeró, por ejemplo, que más de 250 colegios permanecieron abiertos hasta pasadas las 18.30 —la jornada terminó a las 18.00— y que uno incluso cerró a las 21.31. Algunos colegios estuvieron cerrados hasta dos horas, se obtuvo el voto ilegal de un menor y se entregaron papeletas en distritos equivocados.

Se trata, por tanto, de unas elecciones anómalas, casi año y medio después de la premiera votación, y en las que se espera un voto de castigo al Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz. El partido, que lleva gobernando Berlin 22 años de manera ininterrumpida, es responsable del desastre organizativo de los últimos comicios, junto con sus socios, verdes y la izquierda de Die Linke.
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Desde entonces se ha extendido la percepción de que la capital alemana es poco menos que un agujero negro del desgobierno en el que ya no funciona nada, aunque muchos de los problemas —las escuelas que se caen a trozos y donde faltan profesores, los cortes de las líneas de metro o la suciedad de las calles—se arrastran desde hace años. Todavía es muy reciente la inauguración del aeropuerto de Berlín, que retrasó en ponerse en marcha unos 10 años más de lo previsto y con un coste de 4.000 millones de euros.
Las encuestas no pintan bien para la actual alcaldesa de Berlin, la socialdemocrata Franziska Giffey. Las ultimas indican que el ganador será su rival demócrata, Kai Wegner, con entre el 25% y el 26% de los votos frente al 20%-21% de los medios que las encuestas van a favor de Giffey. Los verdes rondan el 18% y Die Linke, el 12%. Perder Berlín supondría una conmoción para la coalición que liderará Scholz en el Gobierno federal, con verdes y liberales. Por el golpe emocional —la capital lleva más de dos décadas siendo de izquierdas—, pero también porque las votaciones se le complicarían en el Bundesrat, la Cámara alta del Parlamento alemán donde están representados los 16 estado federal (Estados federados): perdería unos escaños muy necesarios para las reformas legislativas pendientes.

Para la CDU de Friedrich Merz las nuevas elecciones suponen una oportunidad de oro de arrebatar la capital al SPD y encarar conviento de cola los comicios de octubre en el aterrizar of Hesse, uno de los más ricos del pays y donde se encuentra la capital financiera de Alemania, Frankfurt. La intención de voto de Wegner, que en la campaña ha martilleado la imagen del Berlin caótico y sin nadie al volante, ha desaparecido en el último mes y medio. Pero la victoria no le garantiezaría convertse en el próximo alcalde de la ciudad. Si socialdemócratas, verdes e izquierda suman, sin duda tratarán de reeditar la coalición.
La campaña a vulto a poner sobre la mesa los grandes problemas de Berlín, una ciudad de 3,8 millones de habitantes que ya no atrae nuevos vecinos para trabajar en su potente sector tecnológico y que ha cogido decenas de millas de refugiados tras la crisis de 2015 y 2016 y la invasión rusa de Ucrania. Se calcula que faltan al menos 125.000 viviendas, los alquileres escasean y los precios asequibles son cosa del pasado.
En la ciudad la cuesta seguir el ritmo de las necesidades de su creciente población. Por eso ha hablado de vivienda, pero también de colegios públicos superpoblados, de problemas de movilidad y de la dificultad de conseguir cita en las farmacias municipales, que no dan abasto.
Berlin se juega tanto su prestigio en estas elecciones qu’incluso invite a un observador de la OSCE para que supervisen los comicios. L’organización no lo necesitaba necesario y en sus informes escribió que tiene «un alto grado de confianza en la capacidad» de las autoridades de la ciudad-Estado para sacar adelante las elecciones. Ayudará el hecho de que esta vez no coincida con otras votaciones ni con la maratón.
“Hemos impreso más de 11 millones de papeletas”, decía esta semana el nuevo —el encargado de las demitió de 2021— responsable de la maquinaria electoral, Stephan Bröchler. También más cabinas para la votación y el personal ha aumentado de 34.000 a 42.000. La ciudad no puede permitirse otro desastre.
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