Candidato al Oscar a los 73 años por primera vez merced a su trabajo en ‘Living’ , reflexiona sobre la vejez, el tiempo… y las seis botellas de aceite que le regaló Isabel Coixet
Bill Nighy (Caterham, Surrey, Inglaterra, 1949) pertenece al club selecto de Vidas en las que caben todas las Vidas posibles. Tan divertido como aparece en amor de hecho o tan grave como se le ve ahora mismo en Vida, es el actor nacido en los escenarios más selectos de la mano de Shakespeare, Pinter o Stoppard ha sido capaz de todo. Y aún lo es. Su trabajo en la película escrita por Kazuo Ishiguro y rigida Oliver Hermanus sur el clásico de Akira Kurosawa de 1952 le ha hecho valedor de su premierera nominación al Oscar a los 73 años. En España trabajó con Isabel Coixet en La librería y de esa película guarda, como poco, dos tesoros: “Seis botellas del aceite fabricadas por la propia Isabel y una camiseta del Barça con mi escrito en la espalda”.
- Ishiguro, el guionista de la película, comentó en su momento que la impulsiva cartilla para recuperar la cinta de Kurosawa fue la nostalgia por un tiempo en el que las cosas tenían sentido. Se refería a los viejos valores del Imperio Británico…
- Me cuesta trabajo razonar en esos términos. Sentir nostalgia por un imperio brutal tan como fue el británico me parece incluso inmoral. Creo que todavía tenemos mucho de lo que arrepentirnos como británicos y cuanto antes afrontemos nuestro pasado, mejor. La gente puede sentir la nostalgia de aquello que no ha vivido, de lo que ha visto en las películas o de lo que el imaginario común ha construido. Pero eso no es real. Pienso por ejemplo en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo se puede añorar un tiempo así en el qu’era imposible saber si ibas a vivir al día siguiente o qué parte de la ciudad iba a quedar completamente detruida? ¿Qué añoramos cuando decimos que añoramos el pasado? ¿La represión de la mujer? ¿Homofobia? ¿La enorme diferencia de clase?
- Imagina que Ishiguro se refiere al sentir de la comunidad…
- Si, eso es correcto. Gran parte de la culpa de lo que vivimos ahora la tiene ese absurdo individualismo en el que hemos caído. La tecnología Y es la principal culpable. No tengo ni Twitter ni Instagram ni Facebook ni nada de eso. Es ridícula y agotada esa obsesión por que cada persona se convierte en Relaciones Públicas de sí mismo. Estar tan pendientes de nosotros nos aísla.
- La película habla de envejecer y enfrentarse a la muerte con dignidad. ¿Cuánto la preocupación?
- La verdad es que no soy una de esas personas que piensan demasiado en su juventud. Me siento muy afortunado ahora que, por fin, soy viejo. Miro hacia atrás huyó de allí un joven muy malo. Estaba constantemente ansioso, me sentía inseguro. Me pasé toda la juventud improvisando y no era capaz de pensar con claridad. Todas esas tribulaciones han desaparecido. Sé un buen viejo. Por lo demás, y en lo que se refiere a la muerte, no pienso en ella. Como dijo alguien alguna vez: “No me preocupa la muerte. Simplemente, no quiero estar allí cuando suceda”.
- ¿Se para a pensar alguna vez en el legado que deja como artista?
- Siempre ha tenido expectativas muy bajas sobre mí mismo. Empecé en el teatro y fui muy feliz Durante más de diez años sobre el escenario. Nunca pensé que acabaría haciendo televisión, y mucho menos cine. La idea de ser medianamente popular me era completamente ajena. Ya ahora aquí me ve. Digamos que pensar en mí mismo como si fuera otra persona en términos de legado resulta me extraño o sólo cómico. Atentamente, solo pienso en intentar reunir el dinero suficiente para mi próxima factura. El alcalde parte de mis recuerdos relacionados con mi trabajo que tienen que ver con eso, con pagar una hipoteca o conseguir lo necesario para el alquiler.
- ¿No se considera al menos un buen actor? ¿No lee lo que se escribe de usted?
- No se, la verdad. Jamás veo una película en la que trabajo yo. Sí leo las criticas, pero rara vez me mencionan. De Living dicen maravillas y me alegro. Estoy muy acostumbrado a trabajar en películas muy alabadas por las criticas y que nadie va a ver. Con esto no es así… Eso está bien. Pienso en lo que me pregunta y, la verdad, me veo a mí mismo más como un trabajador independiente o autónomo que siempre depende de las ideas de otros. La vida de un actor es así.
- Esto del Oscar, ¿qué significa para ti?
- No tengo queja. Películas como esta, que no cuentan con una gran campaña de promoción, necesitan premios como este para hacerse notar. Lo que estoy viviendo con esta película es muy bonita, pero también algo contradictorio. Me siento un poco como en mi propio funeral. Todo el mundo se me acerca, me manda mensajes o me dice por la calle que ha llorado muchísimo con mi muerte. Es como haber muerto en vida.
- ¿Qué recuerda de su trabajo con Isabel Coixet?
- No quiero que me tome por su representante, pero me parece una persona maravillosa y con un talento increíble. Nunca antes había trabajado con una directora que manejara ella misma la cámara. Inteligente, original, con clase… No me pagó mucho por el trabajo, eso es verdad. Pero también es cierto que no lo necesitaba entonces. ¿Sabe que ella hace su propio aceite? Asombroso.
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