El Arsenal, el equipo menos goleado de la Premier, perdía 3-2 en el minuto 60 del partido que disputó este martes en Kenilworth Road, sede del Luton. Ante 10.000 espectadores, en un clima parroquial, los goles de Osho, Adebayo y Barkley, futbolistas que luchan por no descender, hicieron tambalear a la que se supone es la mejor defensa del campeonato más rico del mundo. Al cabo de la noche, David Raya, el portero español, volvió a situarse en el centro de la polémica que divide a la hinchada gunner desde el verano: ¿merece la titularidad en detrimento de Aaron Ramsdale, el guardameta inglés revelación del curso pasado?

“No se trata de culpar a nadie”, dijo Arteta tras el partido. “Solo tenemos que defender mejor colectivamente”.

Arteta —raro en él— sonreía mientras hablaba de los goles encajados. Quizás en el fondo sabía que exigía lo imposible. Cada vez es más difícil que las defensas superen a los ataques en esta Premier. Los hinchas de la liga inglesa asisten a un torrente de juego ofensivo. Que el Arsenal tuviera que meter cuatro goles (3-4) para ganarle a un equipo habitual de Segunda o Tercera es solo el último indicio de una tendencia general que va camino de producir cifras históricas. Los partidos de la Premier promedian 3,17 goles esta temporada, según Opta, algo que no se veía desde que los Beatles se afeitaban la barba, coincidiendo con la campaña 1964-65 de la máxima categoría del fútbol inglés, entonces llamada Football League First Division. Nunca, desde que la competición se disputa con el formato Premier, se habían marcado más goles por encuentro cumplidas 15 jornadas.

La tendencia no es casual. Responde a una estrategia mercantil. Fuentes próximas a las direcciones del Chelsea y el Liverpool indican que los dueños de los clubes profesionales de Inglaterra, asesorados en buena medida por consultoras estadounidenses, están mayoritariamente convencidos de que la mejor forma de atraer audiencias y dar valor a los derechos audiovisuales es apostar por el fútbol de ataque. Algo que para el gran púbico popularizó el Barça hace una década y media, pero que para las direcciones deportivas también pueden articular técnicos como Klopp, De Zerbi, Iraola, Pochettino, Postecoglou, Ten Hag o Arteta, que para más credenciales se formó en el banquillo del City de Guardiola.

Este martes le preguntaron a Guardiola si no creía que su equipo había caído en la autoindulgencia tras conquistar tres ligas seguidas y una Champions. Dos empates sucesivos contra el Liverpool (1-1) y el Tottenham (3-3) desataron las suspicacias en los medios, encabezados por la cadena que posee los derechos de retransmisión, Sky Sports. Hubo quien le preguntó si el City carecía de herramientas para “matar” los partidos tras ponerse por delante, como hizo en vano contra el Tottenham el domingo. “¿Cuál es la alternativa?”, se preguntó Guardiola. “¿Anotar un gol y meterse atrás o continuar presionando?”.

Antes de la llegada de Guardiola a Inglaterra, solo tres ediciones de Premier de un total de 24 superaron el promedio de 2,8 goles por partido jugado. Desde que Guardiola dirige al City, ese promedio ha sido rebasado en cinco temporadas de ocho. Desde 2015, los derechos audiovisuales de la Premier aumentaron un 70%. Ninguna liga en Europa ingresa más dinero por partido televisado —unos 2.000 millones de euros por temporada—, aunque hay otras más goleadoras. En la Bundesliga (3,4 goles por encuentro) y en la Eredivisie (3,3) se marcan más, y en la Liga (2,7) y en la Serie A (2,6), bastantes menos.

Guardiola estuvo especialmente expresivo cuando le preguntaron si su equipo no se había apoltronado tras tantos años de éxitos. “El análisis va más allá del resultado”, dijo, señalando el 1-1 y el 3-3 contra el Liverpool y el Tottenham. “Conozco a estos jugadores. He visto cómo se comporta el equipo contra los rivales más grandes y he dicho: ‘estaremos ahí’. Si nos seguimos moviendo de esta manera, si nos seguimos desmarcando y presionando como presionamos al Tottenham y al Liverpool, si reaccionamos con esa rabia después de los goles encajados, estoy seguro de que ganaremos la liga. Firmaría aquí mismo que mantengamos el nivel de estos dos partidos hasta el final de temporada. Si lo hacemos, ganaremos el campeonato. ¿Jugaremos en ese nivel hasta abril y mayo? ¡No lo sé! Sería dificilísimo, claro. ¿Qué espera la gente? ¿Que ganemos 130 puntos? A veces, después de un partido no estoy al cien por ciento seguro de la actitud con la que hemos jugado. En esos casos me digo: ‘cállate, vete a casa, y mañana o pasado mañana decides qué decirles’. No he tenido esa sensación después de ver a mi equipo contra el Tottenham y el Liverpool. Esta vez no ha habido remordimientos. ¡Estoy enamorado de mi equipo! Han pasado muchos años, pero sigo enamorado”.

El discurso del catalán —que hace un año hostigaba a sus futbolistas en público porque decía que los veía indolentes—, concentró su ideología: “Soy optimista, no estúpido. No espero ganar la Premier 20 veces seguidas en los próximos 20 años. Algún día perderemos. Se lo digo a los chicos: ‘esto es excepcional’. En este país es muy difícil ganar el título. ¿Qué hay que hacer? ¿Cuál es mi criterio? Crear más ocasiones de gol y conceder menos que el oponente. Si lo conseguimos, estamos en el buen camino. Es cuestión de promedios. Esto te lleva a analizar los rendimientos, no los resultados. Y nuestro rendimiento es más que decente”.

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