Lo que hace semanas era inimaginable —una guerra en Sudamérica— es una amenaza real desde el domingo pasado. El contencioso del Esequibo, un territorio rico en petróleo ubicado en Guyana y que Venezuela pretende anexionarse con el aval del referéndum del pasado domingo, causa creciente preocupación en los países vecinos. Ante los movimientos de tropas sobre el terreno, el contencioso y los riesgos que supone han entrado de lleno en la agenda de la cumbre que Mercosur celebra este jueves en Río de Janeiro. El anfitrión, Luiz Inázio Lula da Silva, ha instado a los presidentes de Argentina, Paraguay y Uruguay a sumarse a una declaración que insta a la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y a Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) a buscar “con las dos partes” una salida dialogada al conflicto. El texto leído por Lula al inicio de la reunión con sus homólogos no menciona a ninguno de los dos países ni la consulta organizada por Nicolás Maduro.

Sudamérica, que presume de la ausencia de conflictos armados entre sus países, asiste con cierto asombro a la velocidad a la que aumenta la tensión en el Esequibo por un conflicto entre Caracas y Georgetown que colea desde hace más de un siglo. La pertenencia de Venezuela a Mercosur quedó en 2017 en suspenso por “la ruptura del orden democrático” impulsada por el chavismo.

El llamamiento realizado por Lula, presidente de la potencia diplomática y económica regional, ha sido genérico, sin dirigirse a Maduro ni al presidente guayanés, Mohamed Irfaan Ali. “Aquí, en América del Sur, lo que no queremos es una guerra. Solo con paz podemos generar riqueza y mejorar la vida de nuestros pueblos”, les ha dicho Lula a los presidentes de Argentina, Alberto Fernández; de Paraguay, Santiago Peña; y de Uruguay, Luis Lacalle Pou, cuando les ha pedido que se adhieran a la declaración. “No queremos que esta cuestión contamine la reanudación del proceso de integración regional ni sea una amenaza a la paz y la estabilidad”.

Brasil, que tiene frontera con el Esequibo, el resto de Guyana y con Venezuela, ha reforzado con soldados y blindados el contingente militar que vigila la frontera.

Esta reunión de Mercosur en Río está marcada por la frustración y la incertidumbre. Frustración porque Francia y Argentina dinamitaron los pronósticos más optimistas, que apuntaban a que el bloque sudamericano y la Unión Europea podrían pactar por fin un acuerdo y crear la mayor zona de libre comercio del mundo. E incertidumbre por cuál será exactamente la postura que adopte el próximo presidente argentino, el ultraliberal y de extrema derecha Javier Milei, sobre Mercosur en general y el acuerdo en particular. Milei toma posesión este domingo, una ceremonia a la que Lula enviará a su ministro de Exteriores, Mauro Vieira, después de que el argentino lo llamara “comunista corrupto”.

Milei envió a la futura ministra de Exteriores, Diana Mondino, a Brasilia para calmar los ánimos y entregar una invitación en persona. Ella se mostró partidaria de que Argentina siga siendo un socio activo de Mercosur, cosa que choca con lo proclamado por su jefe en campaña.

El resultado más tangible de la cita carioca es la firma de un acuerdo comercial con Singapur, el primero formalizado por Mercosur en los últimos 12 años y el primero que suscribe con un país de Asia. En cualquier caso, el anuncio sabe a premio de consolación en contraste con las enormes expectativas generadas ante las señales de que Mercosur y la UE estaban avanzando en la resolución de las diferencias ―y cruce de acusaciones― que han impedido cerrar del todo un pacto que se negocia hace 23 años y que en 2019 se acordó de manera preliminar.

Lula ha dicho, en referencia a la ventana de oportunidad que se abrió al coincidir España y Brasil en las presidencias rotatorias de los bloques: “Yo tenía el sueño de cerrar el acuerdo en mi presidencia y la del compañero [Pedro] Sánchez”. Pero la ventana abierta por la sintonía entre ambos mandatarios se ha cerrado. Bélgica y Paraguay, bastante menos interesados en el tema, toman el relevo al frente de la UE y Mercosur.

Lula ha culpado del fracaso a que “la resistencia de Europa es muy grande” y a que los franceses son muy proteccionistas: “No es solo Macron, era Chirac, era Sarkozy, era Holland”, ha enumerado. Para los socios de Mercosur, las exigencias medioambientales incorporadas por Bruselas en tiempos de Jair Bolsonaro y la amenaza de sanciones por exportar productos de zonas deforestadas son inaceptables.

A juicio del brasileño, tras los últimos avances en la negociación, el texto del acuerdo es “más equilibrado”. Y ha aprovechado la ocasión para instar al paraguayo Peña, que tiene otras prioridades, a implicarse en las negociaciones con Bruselas en cuanto asuma la presidencia de Mercosur. La tardanza en que el acuerdo con la UE se materialice solo aumenta las prisas de Uruguay por negociar por su cuenta un pacto comercial con China.

El encuentro presidencial también ha servido para celebrar la adhesión de Bolivia, que solo será efectiva cuando adapte su legislación a las exigencias de Mercosur, para lo que tiene un plazo de cuatro años. Se convertirá en el quinto miembro operativo.

Lula ha dedicado palabras muy elogiosas a Fernández, que está en Río en su último viaje oficial como presidente. Una vez más, el brasileño ha recordado la amistad que les une y el gesto que tuvo “el compañero Fernández” al visitarle en 2018, cuando estaba preso en Curitiba. “Es un gesto que nunca olvidaré”, ha dicho antes de añadir: “Creo que merecías más suerte, pero ocurrió la pandemia y una sequía histórica”.

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